Yo soy todas las mujeres de mis novelas, pero además soy otra mujer que no aparece en ellas. He tenido que escribir. He tenido que escribir sesenta volúmenes de mi diario, hasta este momento, para poder contar algo en mi vida. Al igual que Oscar Wilde, en mi obra sólo puedo volcar mi arte, y en mi vida, mi genio. Mi vida es imposible contarla. Cambio con el transcurso de los días, cambian mis designios, mis conceptos, mis interpretaciones. Soy una serie de estados de ánimo y de sensaciones. Interpreto un millar de papeles. Y lloro cuando descubro que otros los interpretan por mí. Desconozco mi yo verdadero. Mi obra es meramente un extracto de esa vasta y profunda aventura. Creo un mito y una leyenda, una mentira, un cuento de hadas, un mundo mágico, y al propio tiempo creo otro universo que se desmorona diariamente y hace que me sienta como si siguiese los pasos de Virginia Woolf. He intentado no ser neurótica ni romántica ni destructiva sino, quizá, todas y cada una de esas cosas disfrazadas. Imposible que me hagan un retrato a causa de mi movilidad. No soy fotogénica a causa de mi movilidad. La paz, la serenidad y la integración son algo desconocido para mí. Mi clima habitual es la ansiedad. Escribo del mismo modo que respiro, de una manera natural, fluida, espontánea, bajo el impulso de un aluvión que me desborda, pero no como un sustituto de la vida. Me interesan más los seres humanos que la literatura; tengo más interés en hacer el amor que en escribir; me interesa más vivir que emborronar papeles. Me interesa más llegar a ser una obra de arte que crearla. Soy más interesante que lo que escribo. En relación con las demás cosas, yo estoy mejor dotada. No confío en mí misma y, en cambio, tengo una gran confianza en los demás. El amor me es más necesario que los alimentos. Incurro en deslices y errores, y a menudo desearía estar muerta. Al salir del fuego es probablemente cuando adquiero una apariencia más diáfana. Siempre penetro en el fuego y, al salir de él, estoy mucho más viva. Escribí, viví y amé como Don Quijote, y el día de mi muerte diré: “Disculpadme, todo fue un sueño”. Y entonces, ojalá encuentre a alguien que me replique: “No lo creas; todo fue verdadero, absolutamente verdadero”.
La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos
miércoles, 17 de noviembre de 2010
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Fragm. La Pasión según G.H. - Clarice Lispector
Miré el techo con ojos pesados. Todo se reducía ferozmente a no dar nunca el primer grito – un primer grito desencadena todos los otros, el primer grito al nacer desencadena una vida, si gritase despertaría a miles de seres gritantes que comenzarían sobre los tejados un coro de gritos y horror. Si gritase desencadenaría la existencia – ¿La existencia de qué?, la existencia del mundo. Con reverencia temía la existencia del mundo para mí.
Es que yo no estaba viéndome más, sólo estaba viendo. Toda una civilización que se había erguido, teniendo como garantía que se mezclase inmediatamente lo visto con lo sentido, toda una civilización que tiene como fundamente el salvarse –pues bien, yo estaba en sus escombros. De esa civilización sólo puede salir quien tiene como función especial el salir: a un científico le es dada la licencia, a un padre se le concede permiso. Pero no a una mujer que ni siquiera tiene las garantías de un título. Y yo huía, con malestar huía.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Una Pequeña Historia Piadosa - Hugo Mujica
Era enano, o mejor dicho debía llegar a serlo, aún era un niño (porque hasta para llegar a ser enano hay que crecer). Todavía no hablaba, pero seguro que ya creía que llegaría a crecer, a ser grande como para él era su padre. Iba a ser difícil explicárselo, prepararlo para lo que la vida le deparaba, difícil incluso para un enano y una enana, para su padre y su madre.
Un día se acercaron a la cuna y lo contemplaron. Acostado y tapado, se parecía al hijo de todos los demás padres. Fue entonces cuando decidieron llevar a cabo la idea: le reventaron las piernitas, a martillazos. Un paralítico, razonaron piadosamente, nunca llegará a ponerse de pie: nunca tendrá que medirse con los otros. Ser diferente a los demás.
sábado, 6 de noviembre de 2010
33 / Quinta Poesía Vertical - Roberto Juarroz
El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
Y yo tuve vergüenza de la mía.
Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados
Y también tuve miedo,
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llena de águilas.
El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada.
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
Y yo tuve vergüenza de la mía.
Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados
Y también tuve miedo,
Miedo de las palabras que no cantan,
miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las habitaciones bautismales
que se llena de águilas.
El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada.
Fragm. La Manzana en la Oscuridad - Clarice Lispector
…Y él se quedó solo, en la puerta del almacén.
Martim estaba muy sorprendido porque antiguamente él solía saberlo todo. Y ahora -como hecho sin embargo mucho más concreto- no sabía nada. Él, que había crecido como un hombre claro, y a su alrededor todo solía ser visible. Había sido una persona que sabía respuestas, antiguamente él existía sin dolor. La claridad en la que vivía hizo que fuese capaz de hacer un trabajo con números con una paciencia que no se alteraba; y, desnudo por dentro, la ropa le sentaba bien. Listo y elegante. Pero ahora, arrancada de las cosas la capa de palabras, ahora que había perdido el lenguaje, estaba por fin de pie en la tranquila profundidad del misterio. En la puerta del almacén, pues, revitalizado por su gran ignorancia, permaneció de pie en la oscuridad. Ya era casi de noche. Acababa de aprender eso con aquella mujer: a quedarse de pie teniendo un cuerpo.
Entonces los días empezaron a pasar…
Pero si su lengua una vez se había engrosado demasiado en su boca como para poder expresarse, y si en su cabeza no circulaba aire para que el pensamiento pudiese ser algo más que anhelo, ahora detrás de toda claridad estaba la oscuridad. Y de ella procedía la oscura llama de su vida.
Así fue como su vida empezó a sobrepasarlo, los días eran largos, hermosos, y su vida mucho más grande que él. Y él mismo poco a poco, se convirtió en algo más que un hombre solo. Se produjo un desgaste de sus conocimientos anteriores, y, en cuanto a las palabras, meramente las conocía como alguien que una vez hubiese enfermado de ellas y se hubiese curado. Después de todo su crimen tenía sólo el tamaño de un hecho, y no sabía que quería decir con eso.
Martim estaba muy sorprendido porque antiguamente él solía saberlo todo. Y ahora -como hecho sin embargo mucho más concreto- no sabía nada. Él, que había crecido como un hombre claro, y a su alrededor todo solía ser visible. Había sido una persona que sabía respuestas, antiguamente él existía sin dolor. La claridad en la que vivía hizo que fuese capaz de hacer un trabajo con números con una paciencia que no se alteraba; y, desnudo por dentro, la ropa le sentaba bien. Listo y elegante. Pero ahora, arrancada de las cosas la capa de palabras, ahora que había perdido el lenguaje, estaba por fin de pie en la tranquila profundidad del misterio. En la puerta del almacén, pues, revitalizado por su gran ignorancia, permaneció de pie en la oscuridad. Ya era casi de noche. Acababa de aprender eso con aquella mujer: a quedarse de pie teniendo un cuerpo.
Entonces los días empezaron a pasar…
Pero si su lengua una vez se había engrosado demasiado en su boca como para poder expresarse, y si en su cabeza no circulaba aire para que el pensamiento pudiese ser algo más que anhelo, ahora detrás de toda claridad estaba la oscuridad. Y de ella procedía la oscura llama de su vida.
Así fue como su vida empezó a sobrepasarlo, los días eran largos, hermosos, y su vida mucho más grande que él. Y él mismo poco a poco, se convirtió en algo más que un hombre solo. Se produjo un desgaste de sus conocimientos anteriores, y, en cuanto a las palabras, meramente las conocía como alguien que una vez hubiese enfermado de ellas y se hubiese curado. Después de todo su crimen tenía sólo el tamaño de un hecho, y no sabía que quería decir con eso.
Exilio - Alejandra Pizarnik
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Fragm. La Hora de la Estrella - Clarice Lispector
“Sí. Me acostumbro pero no me amanso. ¡Por Dios! Me doy mejor con los animales que con la gente. Cuando veo a mi caballo libre y suelto en el prado, me dan ganas de recostar mi rostro en su vigoroso y aterciopelado pescuezo y contarle mi vida. Y cuando acaricio la cabeza de mi perro, sé que él no exige que yo tenga un motivo o que deba explicarme.
Tal vez la nordestina ya haya llegado a la conclusión de que la vida incomoda bastante, alma que no cabe bien en el cuerpo, aunque fuera un alma trivial como la suya. Imaginaba, toda supersticiosa, que si por acaso llegase alguna vez a sentir un gusto muy fuerte de vivir, se rompería súbitamente el hechizo que la hacía princesa y se transformaría en un bicho rastrero. Porque, por mala que fuese su situación, ella no quería ser privada de sí, quería ser ella misma. Creía que sufriría un grave castigo y hasta correría riesgo de morir si sintiese ese gusto de vivir. Entonces se defendía de la muerte por intermedio de un vivir de menos, gastando poco de su vida para que ésta no se acabara. Esta economía le daba alguna seguridad pues, quien cae, del suelo no pasa. ¿Tendría ella la sensación de que vivía para nada? No lo puedo saber, pero creo que no. Sólo una vez se hizo una pregunta trágica: ¿Quién soy yo? Se asustó tanto que dejó totalmente de pensar.”
Tal vez la nordestina ya haya llegado a la conclusión de que la vida incomoda bastante, alma que no cabe bien en el cuerpo, aunque fuera un alma trivial como la suya. Imaginaba, toda supersticiosa, que si por acaso llegase alguna vez a sentir un gusto muy fuerte de vivir, se rompería súbitamente el hechizo que la hacía princesa y se transformaría en un bicho rastrero. Porque, por mala que fuese su situación, ella no quería ser privada de sí, quería ser ella misma. Creía que sufriría un grave castigo y hasta correría riesgo de morir si sintiese ese gusto de vivir. Entonces se defendía de la muerte por intermedio de un vivir de menos, gastando poco de su vida para que ésta no se acabara. Esta economía le daba alguna seguridad pues, quien cae, del suelo no pasa. ¿Tendría ella la sensación de que vivía para nada? No lo puedo saber, pero creo que no. Sólo una vez se hizo una pregunta trágica: ¿Quién soy yo? Se asustó tanto que dejó totalmente de pensar.”
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