jueves, 25 de noviembre de 2010

Poema - Susana Thenon

“Yo creo en las Noches”
R. M. Rilke

Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica
el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca
y que ninguna piedra de color, ningún juego,
ninguna tarde con más sol que de costumbre
alcanza a formar la sílaba,
el susurro esperado como un bálsamo,
noche y noche.
Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe
cuando el no, el adiós,
el minuto recién muerto, irreparable,
se levantan inesperadamente y enceguecen
hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.
Como un hambre, como una sonrisa, pienso,
debe ser la soledad
puesto que así nos engaña y entra
y así la sorprendemos una tarde
reclinada sobre nosotros.
Como una mano, como un rincón sencillo
y umbroso
debería ser el amor
para tenerlo cerca y no desconocerlo
cada vez que nos invade la sangre.
No hay silencio ni canción que justifiquen
esta muerte lentísima,
este asesinato que nadie condena.
No hay liturgia ni fuego ni exorcismo
para detener el fracaso risible
de los idiomas que conocemos.
La verdad es que me ahogo sin pena,
por lo menos he resistido al engaño:
no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,
ni de la noche a medias.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,
mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Fragm. El Libro del Desasosiego - Fernando Pessoa



"Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices.
Sus vidas humanas estan llenas de todo lo que no seria sino angustia para una sensibilidad verdadera. Pero, como la vida real que llevan es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar solamentre a la de un hombre con dolor de dientes que hubiese recibido una fortuna - la fortuna autentica de vivir sin darse cuenta, el don más alto que los dioses conceden, porque es el don de permitir a un hombre ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) tanto a la alegria
como al dolor.
Por eso, pese a todo, a todos los amo ¡Mis Queridos Vegetales!”

“Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como el dolor.[...]

"Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar. ¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué si el raciocinio es un esfuerzo, y quien está triste no puede esforzarse? Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que yo tanto querría abdicar. Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme. ¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche, el conductor de aquel tren! ¡cualquier Otro banal supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra para que yo la quiera y se me finge ajena! Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa. La noción de la vida como un todo no me aplastaría los hombros del pensamiento. Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo. Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos. Por más que por mí me interne, todos los atajos de mi sueño van a dar a claridades de angustia. Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los que el sueño me huye. Entonces las cosas me parecen nítidas. Se desvanece la neblina en la que me cerco. Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma. Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas. Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma. Mi vida es como si me golpeasen con ella.”

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cantora Nocturna - Alejandra Pizarnik

Joe, macht die Musik von damals nacht…

La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta.

a Olga Orozco

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Borrador (Sinopsis para un corto) – Gastón Malgieri

Mar del Plata en invierno
es la locación perfecta
de tu película indie lacrimógena.
de tu opera prima éxito en Sundance
de ese devenir en melancolía
que dejó la tormenta
del intento tonto del plano detalle
en el iris insurrecto del llanto que se contiene.
Primera escena:
Hay un colchón de una plaza
cerrando la puerta por donde se fue la certeza.
escupe su último resorte adobado de semen,
arena gruesa,
cenizas de Phillips Morris,
lamparones de fernet.
El labio inferior mordido es
la dentadura enquistada en lo que no se va a decir nunca.
Plano detalle:
El colchón deja una nota
que el protagonista lee respirando
el sándalo escandaloso que se esparce.
Voz en off:
Me niego a seguir reteniendo su olor entre el alambre de mi estructura. Es demasiado. Todo es demasiado. Por eso es mejor que me vaya así. No me busques. Dejame librado al azar de los recolectores de residuos quienes nunca te preguntarán nada, no es ése su trabajo. Ellos solo levantan lo que dejó la huída.
Esa noche fui feliz. ¿Sabés cual? Sonaba Rufus, y el fumaba desnudo mientras vos escribías estas líneas en el rojo cuaderno de tapas de corcho.
El cenicero ahora
es todo el resto de lo que resta
la suma patética que no les ha dando igual
y no saben dónde está el error,
o no hay con quién chequear el resultado.
Un grupo de jubilados abriles patean la rambla,
ven agachado al protagonista
en la punta de la peor escollera
y recuerdan la historia de Alfonsina
que les contó la guía que labura para el PAMI.
Pero ésta no es una historia suicida.
Es la historia del impedimento de un abrazo.
Y entonces el arenal se convierte en quiste.
y es que ambos quieren encastrarse el pecho en el combate
y aparece
el mapa carretero de la imposibilidad como un hematoma
que el jabón en polvo del deseo no quita.
Y es que creen que esto del trenzarse es primitivo
casi una necesidad más que epidérmica
tan de respiración que necesita el oxígeno del otro para acompasar el ajetreo
que duele en las costillas rotas por la caída.
Y aparece entonces el juramento,
sobreimpreso en fotografía sepia
(obvia)
amarronada en el powerpoint con frases de Coelho:
“… si es que no nos volviéramos a ver,
ahora que descubrí el deletreo de las puntas
de tus dedos en el almíbar de mi axila
en otro lado del recóndito mundo
llorarán los dioses de los otros
por algo que el peñasco escribe en arameo
y que a pesar de parecernos cursi,
es necesario”.
La tristeza es ese happy ending repitiéndose en loop
El repeat del repeat del repeat.
El the end del the end del the end.

Viejo Niño - Reinaldo Arenas


Yo soy ese niño de cara redonda y sucia
que en cada esquina los molesta con su
“can you spend one quarter?”
Yo soy ese niño de cara sucia
- sin duda inoportuno -
que de lejos contempla los carruajes
donde otros niños emiten risas y saltos considerables.
Yo soy ese niño desagradable
- sin duda inoportuno -
de cara redonda y sucia que ante los grandes faroles
o bajo las grandes damas iluminadas
o ante las niñas que parecen levitar
proyecta el insulto de su cara redonda y sucia.
Yo soy ese niño hosco, mas bien gris
que envuelto en lamentables combinaciones
pone una nota oscura sobre la nieve
o sobre el césped tan cuidadosamente recortado
que nadie sino yo, porque no pago multas, se atreve a pisotear.
Yo soy ese airado y solo niño de siempre
que os lanza el insulto del airado niño de siempre
y os advierte: si hipócritamente me acariciáis la cabeza
aprovecharé la ocasión para levantarles la cartera.
Yo soy ese niño de siempre
ante el panorama del inminente espanto.
Ese niño, ese niño,
ese niño que corrompe el poema con su nota naturalista.
Ese niño, ese niño
ese niño que iimpone arduos y aburridos ensayos,
y hasta novelas, aun más aburridas, sobre “los bajos fondos”.
Ese niño, ese niño,
ese niño de cara airada y sucia que impune arduas y siniestras revoluciones
para luego seguir con su cara aun más airada y sucia.
ese niño, ese niño,
ese niño ante el panorama siempre inminente
(sólo inminente)
del inminente espanto, de la inminente lepra, del inminente piojo,
del delito o del crimen inminentes.
Yo soy ese niño repulsivo que improvisa una cama,
con cartones viejos y espera, seguro, que venga usted a hacerle compañía.

New York, Octubre de 1983

Despedida - Ingeborg Bachman

La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.
No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.


(Sin título)
 
Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis,
observad,
que me marcho, que voy
cayendo,
que me entrego,
y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.

Elegía I / Elegías de Duino - Rainer Maria Rilke

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes?
Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte.
¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen
tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá
los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo
más íntimo.
Sí, las primaveras de veras te necesitaban. Varias
estrellas te pedían que las rastrearas. Se alzaba
en el pasado una ola hacia ti, o cuando pasabas
por una ventana abierta, se te entregaba un violín.
Todo esto era una misión, ¿pero fuiste capaz de cumplirla?
¿No estabas siempre distraído por la esperanza, como
si todo ello te anunciara a una amada? (¿Dónde intentas
alojarla, si en ti los grandes pensamientos extraños
entran y salen, y con frecuencia se quedan durante la noche?).
Pero si sientes anhelos, canta pues a las amantes; no es,
en absoluto, suficientemente inmortal su famoso
sentimiento. Aquéllas que casi envidias, las abandonadas,
las encuentras mucho más amantes que las saciadas.
Empieza siempre de nuevo la alabanza siempre inalcanzable.
Piensa: el héroe sigue en pie, aun el ocaso fue para él
sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero a las amantes la exhausta naturaleza las recoge
en su seno, como si no hubiera fuerzas para lograr esto
dos veces. ¿Has pensado lo suficiente en Gaspara Stampa,
y lo que puede sentir cualquier chica a quien el amado
abandonó, frente a tan elevado ejemplo de mujer amante:
¿Llegaré a ser como ella? ¿Estos, los más antiguos
dolores, no deberán, por fin, darnos fruto? ¿No es
tiempo ya de que, al amar, nos liberemos del amado y,
temblorosos, resistamos, como la flecha resiste al arco,
para ser, unidos en el salto, algo más que la sola
flecha? Porque el permanecer está en ninguna parte.
Voces, voces. Corazón mío, escucha, como sólo los santos
escuchaban; la enorme llamada los alzaba del suelo;
pero ellos seguían de rodillas, de modo imposible,
sin darse cuenta: de tal manera escuchaban. No
que pudieras soportar la voz de Dios, lejos de eso, pero
escucha el soplo, las noticia incesante que se forma
del silencio. Murmura hasta ti desde aquellos que han
muerto jóvenes. ¿Acaso su destino no se dirigió siempre
tranquilamente a ti, en Roma y Nápoles, cuando entrabas
en alguna iglesia? O una inscripción sublime se grababa
para ti, como hace poco la lápida de Santa María Formosa?
¿Qué quieren de mí? Debo apartar en silencio
la apariencia de injusticia que a veces estorba un poco
el puro movimiento de sus espíritus.
Realmente es extraño ya no habitar la tierra,
ya no ejercitar las costumbres apenas aprendidas;
a las rosas, y a otras cosas particularmente promisorias,
ya no darles el significado del futuro humano; ya no ser
aquél que uno fue en interminables manos angustiadas
y hasta hacer a un lado el propio nombre, como un juguete
roto. Extraño, ya no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver todo lo que tenía sus propias relaciones, aletear
tan suelto en el espacio. Y estar muerto es doloroso,
y lleno de recuperación, de modo que uno rastree
lentamente un poco de eternidad. Pero todos los vivos
cometen el mismo error de diferenciar demasiado
tajantemente. Los ángeles (se dice) con frecuencia no
sabrían si andan entre los vivos o entre los muertos.
La corriente eterna arrastra siempre consigo todas
las edades a través de las dos zonas y atruena sobre ambas.
Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre, como
uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?
¿Es inútil el mito de que, en la antigüedad, durante
las lamentaciones fúnebres por Linos, 
una atrevida música primitiva se abrió paso en la árida materia
inerte; y entonces, por primera vez, en el espacio
sobresaltado, en el que un muchacho casi divino de pronto
se perdió para siempre, el vacío produjo esa vibración
que ahora nos entusiasma y nos consuela y ayuda?